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¿ Podría Dante Gebel dar el salto a la política?

Por Marcelo Laffitte

En los últimos meses una pregunta comenzó a circular con insistencia en el ambiente evangélico y también fuera de él:¿Dante Gebel se involucrará en la política argentina en las próximas elecciones de 2027?

¿Será posible que algún día el nombre de su exitosísimo espectáculo “Presidante” deje de ser solo un juego creativo para transformarse en una realidad política?La pregunta no es descabellada.

La historia contemporánea ya ha mostrado sorpresas de ese tipo. Basta recordar el caso de Volodímir Zelenski, quien antes de gobernar Ucrania era un actor y comediante que interpretaba en una serie de televisión a un profesor que, inesperadamente, terminaba convirtiéndose en presidente. Años después, en la vida real, ganó las elecciones de 2019.También ocurrió algo parecido con Ronald Reagan, quien antes de llegar a la presidencia de los Estados Unidos había sido actor de cine en Hollywood.

Con el tiempo fue gobernador de California y luego uno de los presidentes más influyentes de su país.¿Podría ocurrir algo así con Dante?. Nadie lo sabe. Y no se sabe por una razón muy simple: el propio protagonista de esta historia guarda silencio.

Todas las especulaciones comenzaron a tomar fuerza a partir de una frase que Dante dejó caer en el programa de Mario Pergolini, su socio en algunos emprendimientos. Allí dijo: “Si la Argentina me necesita, estaré dispuesto a darle una mano”.Una frase breve que puede interpretarse de muchas maneras, pero que inevitablemente agitó las aguas de las suposiciones.

Desde entonces he escuchado posiciones muy distintas.Algunos ven esa posibilidad como el cumplimiento de un sueño largamente anhelado: tener en el sillón de Rivadavia a un cristiano con convicciones profundas, valores claros y principios firmes, capaz de encarnar un estilo de gobierno diferente. Otros, en cambio, se ubican en el extremo opuesto.Creen que sería un enorme error que Dante se involucre en ese tsunami desgastante que es la política argentina, un terreno que en los últimos tiempos apena y hasta asusta por el bajo nivel de muchos de quienes lo habitan.Un líder amigo me lo dijo con crudeza:“A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Dante es de Dios. Meterse en la política sería una locura”.

Tampoco faltan quienes vaticinan que, si se embarcara en ese camino, podría poner en riesgo el enorme ministerio que hoy desarrolla.Convengamos, sin embargo, que no es extraño que algunos imaginen a Gebel como candidato. Hay varios factores que alimentan esa idea:Primero, su extraordinaria capacidad de comunicación.

Hoy en día Dante es probablemente el comunicador cristiano más escuchado del mundo. Sus mensajes, emitidos desde su iglesia River Church en Estados Unidos hacia los cinco continentes, alcanzan a más de cinco millones de televidentes.Segundo, el testimonio personal que ha cultivado durante décadas.

Más allá de críticas aisladas —muchas veces provenientes de quienes no toleran su éxito y lanzan acusaciones sin fundamento— su trayectoria pública ha sido esencialmente intachable. Y tener una imagen limpia es algo que en un tiempo de fuerte desgaste de la política tradicional no pasa desapercibido.

Tercero, un carisma poco común. Dante se mueve con naturalidad en los escenarios más grandes del planeta. Ha llenado estadios, auditorios y salas en numerosos países, dejando siempre una estela de admiración por la manera en que comunica y por el contenido de lo que proclama.

Cuarto, una llegada transversal. Su audiencia no se limita al mundo evangélico; miles de personas de distintos trasfondos lo siguen por la profundidad de sus reflexiones cristianas, su humor y su estilo directo.Sin embargo, las consultoras también señalan obstáculos evidentes si alguien como él decidiera dar ese salto: No tiene estructura política. Vive fuera del país desde hace muchos años. Carece de experiencia en gestión pública. Y tampoco posee una formación académica formal para enfrentar una responsabilidad de esa magnitud.

Gobernar un país complejo como la Argentina exige equipos técnicos, organización territorial y una maquinaria política que no se construye de la noche a la mañana.Por eso, más allá de las especulaciones, la única realidad hoy es una gran incertidumbre.

Dante no habla. Sigue plenamente involucrado en su tarea pastoral y comunicativa, desarrollando un trabajo que atraviesa fronteras y alcanzando un éxito verdaderamente fuera de serie.

Algunos, sabiendo de mi vieja amistad con él, me preguntan qué opino. Y mi respuesta es siempre la misma.

Creo sinceramente que Dante no tomará ninguna decisión guiado por la ambición ni por la presión de la gente. Si alguna vez da un paso en esa dirección —o si decide permanecer exactamente donde está— será porque, en la intimidad de su vida con Dios, ha llegado a la convicción de que ese es el camino correcto.Porque, al final de todo, los hombres pueden especular, opinar o incluso presionar, pero quienes tenemos fe sabemos que la última palabra la tiene Dios.

Y cuando Dios guía la vida de un hombre, ese hombre termina caminando por el lugar donde su propósito puede dar más fruto.Sea en un púlpito, en un escenario…o —si ese fuera el caso— también en la vida pública.

imagen: Dante Gebel

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