Las imágenes eran bizarras, y transmitían emociones que iban desde la tristeza y la estupefacción a la indignación y el reclamo a viva voz. Mientras una multitud de cuerpos yacía inmovilizada en el suelo, el ministro de Seguridad, el más poderoso del gabinete, se desplazaba entre ellos, en una ceremonia de autocelebración, pero, más aún, como un claro gesto de advertencia frente a quienes osaran cuestionar su poder. Ya sea dentro o fuera de Israel.El Mundo | Página|12
Itamar Ben-Gvir: la ultraderecha de la ultraderecha
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