El Club Atlético Chacarita Juniors transita un momento bisagra. Entre 2025 y el inicio de 2026, el club de San Martín logró consolidar una estructura institucional sólida, con fuerte anclaje político y sindical, pero sigue sin resolver su principal déficit: el rendimiento deportivo en la Primera Nacional Argentina.

La gestión encabezada por Néstor Di Pierro apuesta a un modelo que combina orden financiero, crecimiento en infraestructura y alineamiento estratégico dentro de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), bajo la conducción de Claudio Tapia. En ese esquema, Chacarita se posiciona como un actor con peso propio dentro del bloque del ascenso, con llegada directa a las mesas donde se define buena parte del futuro del fútbol argentino.
Chacarita Juniors: La deuda, en la cancha
Sin embargo, lo que se construye en los despachos todavía no logra traducirse en resultados dentro de la cancha.

El 2025 dejó una imagen elocuente de esa contradicción. El equipo navegó toda la temporada en la zona media, siempre cerca del Reducido pero sin la consistencia necesaria para meterse de lleno en la pelea. La crisis terminó de estallar en septiembre, cuando una racha de siete partidos sin triunfos derivó en un fuerte cortocircuito entre dirigencia y plantel. Las declaraciones públicas de Di Pierro, con críticas directas a los jugadores, expusieron un vestuario golpeado y marcaron el tono de un cierre de año deslucido: noveno puesto y sin chances de ascenso.
Lejos de sostener inercias, la dirigencia decidió reiniciar el proyecto deportivo. La llegada de Matías Módolo como entrenador y de Enrique Borrelli como mánager respondió a la necesidad de ordenar el área futbolística con una mirada más integral, apuntando a darle identidad al equipo y a fortalecer el vínculo con las divisiones inferiores.

El arranque de 2026, sin embargo, volvió a mostrar señales de alerta. Si bien el equipo logró hacerse fuerte en Villa Maipú, las dificultades como visitante reaparecieron rápidamente. La reciente derrota ante Agropecuario dejó al descubierto un problema recurrente: la falta de eficacia. Chacarita puede tener la pelota, pero le cuesta transformarla en situaciones concretas. En un torneo parejo y largo, esa falencia se paga caro.
A ese contexto se sumó el ruido externo. El paro impulsado por la AFA en marzo, en medio de las tensiones con el Gobierno nacional, interrumpió el calendario y agregó incertidumbre a un inicio de campeonato ya de por sí irregular. En ese escenario, el respaldo político a la conducción de Tapia no es un dato menor: para Chacarita, estar alineado también implica previsibilidad en medio de la tormenta.

Red de apoyos y respaldos
Ese vínculo con la AFA se apoya, a su vez, en una red de relaciones que excede lo estrictamente futbolístico. El club mantiene una histórica cercanía con la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (UTHGRA), estructura ligada a Luis Barrionuevo, y conserva acuerdos activos con otros sectores gremiales como la Unión Tranviarios Automotor. En ese entramado, dirigentes como Leandro Capriotti funcionan como articuladores entre el club, el territorio y el sindicalismo.
Esa red de apoyos le permite a Chacarita sostener un esquema de funcionamiento que combina recursos propios con respaldo político, algo clave en un contexto económico adverso para los clubes del ascenso. La contracara es que ese capital de poder eleva las expectativas: no alcanza con estar ordenado, hay que competir.

Donde sí se observan avances concretos es en materia de infraestructura. La construcción de la nueva platea sobre la calle Mitre representa uno de los hitos más importantes de los últimos años. La obra no solo ampliará la capacidad del estadio, sino que abrirá nuevas fuentes de ingresos a través de palcos y servicios premium. En paralelo, el desarrollo del Polideportivo Rodney en la Ciudad de Buenos Aires refuerza el perfil social de la institución y amplía su presencia más allá de San Martín.
Rechazo a las SAD
Ese doble enfoque —club competitivo y actor social— es parte del ADN que la actual dirigencia busca preservar, especialmente frente al debate por las Sociedades Anónimas Deportivas. Chacarita se ubica sin ambigüedades en el bloque que rechaza ese modelo y defiende la figura de asociación civil, en línea con la conducción de la AFA.

El desafío, en definitiva, es lograr que esa solidez institucional tenga correlato deportivo. Porque en el mundo Chacarita hay algo que no se negocia: el ascenso. Y si bien el proyecto de Módolo recién comienza, la historia del club no suele conceder demasiado margen.
La ecuación está planteada. Hay estructura, hay respaldo y hay obra. Falta lo más urgente: que la pelota empiece a entrar. Porque en el ascenso, como en la política, las promesas tienen fecha de vencimiento.
La entrada Chacarita Juniors: poder político, respaldo gremial y una deuda deportiva que no espera se publicó primero en MUNDO GREMIAL.
MUNDO GREMIAL
La Plata: 26°
25° / 25° - Lluvia ligera