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Deportivo Maipú: el club que resiste entre la transición, la política y el sueño intacto del ascenso

Hay clubes que juegan los domingos. Y hay otros, como Deportivo Maipú, que juegan todos los días. En la cancha, en los escritorios y en ese territorio difuso donde se cruzan la política, el poder y la supervivencia. El 2026 lo encuentra en ese punto exacto: ni crisis ni plenitud, sino transformación.

El equipo está conducido por Mariano Echeverría, tras la salida de Alexis Matteo. Los números son discretos —11 puntos en 10 fechas, diferencia de gol negativa—, aunque el contexto explica más que la tabla. En la Primera Nacional, a veces sobrevivir ya es competir.

Pero lo verdaderamente fuerte no pasa por el vestuario. Pasa arriba. Hernán Sperdutti anunció que no seguirá como presidente y ahí sí, el ruido fue otro. Porque no se va solo un dirigente: se corre el apellido que ordenó al club durante años. Bajo su conducción, Maipú creció, se modernizó y estuvo a un paso de la Primera. Deja una estructura firme, pero también una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando el modelo pierde a su arquitecto?

La respuesta, por ahora, parece estar en la continuidad del poder real. Omar Sperdutti sigue en el esquema, sosteniendo influencia desde la Liga Mendocina, mientras el club mantiene una de sus cartas más fuertes: la cercanía con la AFA. En tiempos donde la neutralidad es casi una ingenuidad, Maipú eligió alinearse. Y esa decisión tiene nombre y apellido: Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino. No es solo política, es supervivencia. Los 65 millones de pesos anuales que bajan desde Viamonte son oxígeno puro para cualquier club del ascenso.

Pero Maipú no se explica solo por la AFA. Hay otra capa, menos visible pero igual de decisiva: el entramado sindical. En el territorio conviven Camioneros, el sector petrolero y una base trabajadora que no solo llena la tribuna, sino que sostiene al club como institución social. En Mendoza, Maipú no es solo fútbol: es pertenencia.

Mientras tanto, lejos del ruido, el club consolidó algo que en el ascenso vale oro: infraestructura. El estadio Omar Higinio Sperdutti modernizado, el predio de calle Vergara con tecnología de alto rendimiento, el polideportivo lleno de vida. Todo eso no suma puntos, pero evita caídas. Es el colchón que muchos no tienen.

El futuro inmediato es una incógnita con tres certezas incómodas: habrá cambio de mando, habrá presión deportiva y habrá que sostener el equilibrio sin red. El objetivo sigue siendo el mismo, aunque nadie lo diga en voz alta: meterse en el Reducido y volver a ilusionarse con el ascenso.

En un fútbol argentino cada vez más atravesado por intereses, crisis y reconfiguraciones, Deportivo Maipú juega su propio partido. No siempre brilla, no siempre convence, pero sigue en pie. Y en este contexto, eso ya es una declaración de principios.

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